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chicos corriendo

No importa la hora, el momento, ni el lugar cuando nos damos cuenta que queremos disfrutar de hacer algo que nos gusta, las palabras que desarrollare a continuación son acerca de la pasión por correr.

Como actividad masiva es un fenómeno mundial de exponencial crecimiento tal es así que cada vez más forman parte del paisaje cotidiano aspectos como las carreras, auspiciantes,  pero sobre todas las cosas corredores, las personas corren por que disfrutan hacerlo.

Sean principiantes que se propusieron salir del sedentarismo, como también los atletas de elite mundial que buscan clasificar a competencias internacionales, el apasionante punto de partida que me propongo pensar es que tal vez  estas personas tengan más en común de lo que podríamos darnos cuenta, el factor mental en la actividad física al correr.

Por supuesto que cada edad, condición física, climas donde se realice la actividad, objetivos planteados por el corredor y la continuidad en el correr tienen su particularidad las cuales considero lo suficientemente complejas para hacer desarrollos parciales. Salvando esto como factor común de cada persona que corra emerge el rol de la cabeza haciendo un salto exponencial en una de los escenarios más fascinantes de la condición humana: llevar una idea a  la acción, esta articulación que parece algo sencilla tiene un enorme potencial en la sistematización del planteo de objetivos y su consecuente conducta en búsqueda de resultados.

Menciono la dimensión resultados en plural, porque lo que obtengamos al correr pueda ser mucho más de lo que seamos conscientes al realizar esta actividad física.

¿Cuál podría ser el perfil de una persona que disfruta correr?

Lejos de quedarnos en definiciones estancadas, podríamos pensar que existen tantos perfiles como corredores, y algo de real habita en esas consideraciones. Pero también seria  cierto que para reconocer que no podríamos poner el juego la categoría del perfil del corredor, sin antes darle lugar a su mentalidad.

Correr como fenómeno se puede realizar de manera grupal o individual, me enfocare en la segunda durante el presente desarrollo, como intento de categorización de una actividad que aparece como opción saludable y sencilla.

¿Qué podría pasar por la cabeza de persona que corre, antes, durante y después de correr?

Como herramienta teórica desde la psicología  pondré en juego  la disonancia cognitiva como mecanismo psíquico en las personas que corren.

La manera de ejemplificar esto podría ser la de reconocer los diálogos internos que cada persona que corra ponga en juego al momento de pensarse corriendo.

Antes de correr: Cada corredor puede proyectarse imaginariamente realizando la actividad, considerar las condiciones climáticas eventuales, lugar donde realizaría la actividad, el tiempo y distancia que se propondría correr. La comparación con las expectativas mentales de quien realice la actividad puede comenzar a darnos puntos de encuentro o desencuentro entre la percepción de la realidad psíquica con la realidad material.

Al momento de correr: En medio de un océano de sensaciones corporales, nuestra cabeza puede comenzar a generar ideas del acto en sí de correr en mayor o menor medida. Instancias estimulantes donde se puedan pensar sobre actividades cotidianas que aparentemente no tengan nada con el momento de correr, es sin lugar a dudas uno de los momentos más placenteros y estimulantes de esta actividad. Más allá de esto, con el trascurso del tiempo en la acción de correr, nuevamente  pueden comenzar a surgir ideas que de manera automática nos lleven a un plano de la comparación entre lo esperado y lo obtenido al correr.

Luego de correr: Si bien pareciera ser solo una instancia más en una secuencia temporal, esta reflexión sobre la actividad realizada, será en el mejor de los casos el ámbito donde se retomara, la fase del antes de correr y con ello un nuevo objetivo o la aparición de excusas o postergaciones en el caso de no ser satisfactorio este momento de síntesis psíquica de los dos previos. Por ejemplo de no ser percibido como placentero, puede aparecer la categoría de tener que volver a correr la próxima vez, esto que parece solo una forma de decir comienza a generar una predisposición a la continuidad o no de la actividad.

¿Cómo relacionar esta línea temporal y psíquica para la persona que corre?

Jamás podríamos aproximarnos a pensar este interrogante si antes no ponemos en juego que cada persona que elije correr lo hace porque quiere correr.

La pasión por correr solo puede ser tenida en cuenta si logramos incluir como fenómeno el deseo de correr y este es siempre subjetivo.

La diferencia entre lo esperado del antes, durante y después de correr nos plantea una fascinante interacción entre la capacidad de las personas de relacionar ideas y acciones generando conductas, las cuales pueden ser planificadas como rigurosos planes de entrenamientos con objetivos escalables o simplemente superarse a sí mismo en el acto de correr cada vez un poco más.

Los recuerdos o proyecciones temporales están asociados a emociones, estas pueden favorecer o no la persistencia en la actividad, por ejemplo ante una elevada exigencia sin tener en cuenta la gradualidad del entrenamiento, las lesiones nos brindan pistas sobre el exceso carga, la cual pudo surgir antes por una auto exigencia elevada simplemente por querer alcanzar un resultado en el rendimiento.

Como propuesta desde la psicología deportiva será importante saber que en búsqueda de la continuidad de la actividad física debemos incluir lo mental como autodescubrimiento y  preparación. Necesitaremos considerar que las contradicciones internas y aspectos emocionales son parte del camino de mejora constante, las cuales necesariamente deberán incluir el ejercicio mental de la tolerancia a la frustración y retroalimentación placentera teniendo en cuenta que cada salida recreativa, entrenamiento, carrera implican en sí misma un desarrollo integral de la persona. 

La reflexión antes, durante y después de correr puede facilitar el reconocimiento del propósito personal de correr que va más allá de algún momento donde simplemente se pretenda visualizar la llegada en la meta, incluyendo así instancias propias de verdaderas personalidades resilientes como la tenacidad, el carácter y la coherencia interna, aspectos que hacen al desarrollo personal en lo cotidianos de poner en juego esta misma disciplina y pasión por las actividades que realizamos sobre todo en la adversidad.

La disonancia cognitiva pone en juego la contradicción interna como fenómeno psíquico dinámico, donde los corredores pueden ejercitar no solamente su cuerpo sino quizás también poner a prueba y fortalecer el órgano más potente del ser humano, su mente.

 

Lic. Ricardo Ignacio González Longo


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