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En más de una ocasión, suelen escucharse en ámbitos cotidianos frases como “si supieras como es su madre/padre”, “termino así por su crianza” y otras similares refiriéndose usualmente a conductas en jóvenes que no comprendemos o condenamos, por regla general, por ignorancia, intolerancia y autoritarismo.

Sin embargo, hay algo de cierto –repito, algo- sobre estas estereotipadas frases, y tienen que ver con los orígenes de los problemas, la forma en que se entra en una espiral dañina para el joven y su entorno, y esto se debe a que trasmitimos más de lo que creemos, como padres e instituciones, lo que repercute en nosotros, repercute en ellos.

De la misma manera que muchas parejas y matrimonios –en su libertad de hacerlo- privan de ciertas verdades a los hijos en nombre de la protección psicológica, lo mismo sucede con muchos clubes, que consideran que sus problemas organizacionales, comunicacionales y grupales no van a afectar a un equipo deportivo en su resultado en la cancha.

Lo que sucede en la cancha es un resultado de lo que ocurrió antes, afuera. Hasta el punto de que no hay manera de determinar que es más importante: lo de antes o el durante del partido.

Si en el “antes” no hubo comunicación, respeto y planteamiento serio de problemas entre las comisiones directivas, dirigenciales y organizativas de un club, no esperemos que haya coherencia en el producto que se lleva a la cancha.

Una vieja ley psicológica explica que no se puede “no comunicar” y para bien y para mal, nunca estamos solos. Lo que hace el entorno nos afecta y viceversa, esto es una ley fundamental y científicamente comprobada de la vida.

Las reuniones de padres, con los técnicos y con los dirigentes son una prioridad absoluta para cualquier organización que pretenda ser un club, entendiendo que aun sin quererlo, podemos estar influenciando a nuestro hijo a conductas que son contraproducentes a todo lo que se quiere lograr.

Cada miembro del club tiene funciones diferentes y necesarias para que éste funcione, comprender el punto de vista del otro, sus necesidades, los aportes que pueda dar y sus debilidades son puntos a trabajar en cada reunión dirigencial que se mantenga, con el foco puesto siempre en donde debería estar: los jóvenes, los protagonistas de nuestro deporte actual y del futuro.

En un artículo anterior mencione la necesidad de hacer “mea culpa” y comprender, sin juzgarnos, de que vamos a equivocarnos y van a haber malentendidos, pero evitar las reuniones por diferencias es correr debajo de la lluvia esquivando el agua. No se puede. Donde existan seres humanos va a haber conflicto, pero de estos episodios poco gratos también se forjan las relaciones más fuertes, duraderas y lo más importante, las más genuinas.

Animémonos a discutir, a pensar diferente y a plantear los problemas, solo así se encuentran soluciones: el “quilombo” que se evita ahora, solo será más grande en el futuro.


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