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psicologia de herejia

La Familia en el Deporte y en casa

 

A diferencia de otras profesiones, la del psicólogo viene con un pequeño problema heredado de otras épocas menos sofisticadas de la humanidad: Hay que “creer” en la psicología.

Parece que su condición de Ciencia no es suficiente y aparentemente estamos hablando de prácticas litúrgicas llevadas a cabo por herejes o magos.

El planteo es simple y dividido en 2 cuestiones: primero es notable como otras disciplinas (quizá mejor acomodadas) no les hace falta pasar por el proceso de que la creencia se transforme en una realidad. Y la segunda cuestión es acerca de la gran ofensa que traemos los psicólogos como novedad a todos los que quieran oír o leer.

Todo esto tiene un sentido, por favor, aguanten con nosotros un poco más.

“Yo no creo en la psicología” es una frase bastante común y poco feliz de la población, como si nuestra ciencia les pidiera permiso para existir. Cualquiera de estos días, diré “no creo en la ley de la gravedad, la física es mentira” y me tiro de un 5to piso, a ver como quedo.

La segunda cuestión que mencioné más arriba tiene que ver con el hecho de que desde el descubrimiento y comprobación científica de la existencia del Inconsciente, lo peor que le podés decir a una persona es que hay acciones que no controla. La ilusión de control sobre uno (sin tomar en cuenta el contexto) es la más atesorada de todas las fantasías humanas.

Muchas corporaciones, organizaciones e instituciones intentan desarrollar que la idea del control es sinónimo de salud mental. Si algo me pasa y no lo puedo controlar, significa que estoy “loco”. Si aceptamos esa premisa, malas noticias entonces: estamos todos locos.

Hay que hacer un “mea culpa” también y admitir que este tipo de ideas existen porque los psicólogos no nos pronunciamos al respecto, existe por la negligencia y la comodidad de permitir que siga sucediendo. Estamos tratando de remediarlo.

Todo está palabrería, que se ha vuelto muy común en mí recitar, es una introducción al problema que sugiere el título de nuestra publicación: Los seres humanos se acompañan, no se controlan. Ni me animo de decir “se guían” por temor que alguien asocie la palabra nuevamente con nuestra descompensada necesidad de tener poder sobre alguien.

Desde que nacemos, somos “construidos” por partes que van forjando a lo que genéricamente llamamos mente: tenemos los ojos de mamá, la oreja de la abuela, el dedo índice del abuelo, etc. Aparentemente no tenemos nada nuestro. Luego con el correr del tiempo esa influencia se acrecienta, se complejiza, se moldea con una dinámica llena de risas, llantos, momentos felices y tragedias.

En medio de todo ese desarrollo estamos los padres. Sin darnos cuenta (¡ese bendito Inconsciente!) trasmitimos con palabras, ejemplos, acciones, pero también con silencios, omisiones y errores, no se engañe: nada se escapa de esa gran esponja que todo lo absorbe llamada mente.

El punto del artículo es sencillo: Sr. Papá, Sra. Mamá, se van a equivocar, van a sentir conflictos, van a pasar malos momentos y todo eso moldea nuestra familia. El chico lo entiende todo, quizá no detalladamente “qué” pasó, pero capta perfectamente los ambientes y todo lo que no se dice.

Entonces sepa, por el bien de su familia, que ese chico que está en el club y está aislado, sufre o genera bullying, no se destaca como yo querría o que sencillamente es diferente a lo que yo esperaba. Ese chico está mostrando el problema, pero le comento, aunque usted no lo crea, que el problema somos todos. Cada familia es una historia diferente, permítase la posibilidad de fallar, y si tiene dudas, consulte, no somos Herejes ni Magos.

 


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