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ganar-robar

El vaciamiento de la autoridad y la cultura del corto plazo en términos de gestión deportiva. Cuando el afuera de la cancha de apropia del partido.

Domingo 24 de junio de 1990, Argentina jugaba contra Brasil en pleno mundial de fútbol en Italia, en un momento de interrupción del juego Branco toma de un bidón con laxantes que los asistentes argentinos le dieron al jugador de Brasil quien terminó descompuesto, y ya nada fue igual en el resto del partido, ni en nosotros.

Tomemos como escenario el Fútbol y el Básquetbol argentinos. Ambos con particularidades específicas y diferenciadas, que quizás tengan más de algún factor común en lo que ocurre con sus dirigencias.

En el año 2014 la crisis en la Confederación Argentina de Básquetbol llevó a la generación dorada a plantear la urgente necesidad de que se regularicen las situaciones de deudas e irregularidades millonarias por parte de las autoridades de la CABB. Al punto tal de expresar la decisión de que, si no se establecían cambios estructurales, el equipo no disputaría el campeonato del mundo de España. Esto planteó la transición y salida de sus dirigentes y el establecimiento de cambios estructurales que siguen siendo un desafío actual.

Lejos de establecer algún posicionamiento que idealice a estos hechos, podemos reconocer desafíos en el básquetbol argentino como el de la sustentabilidad económica, en la competencia nacional, y una mayor continuidad en los procesos deportivos. Una de sus características es la enorme rotación de jugadores entre clubes en cada temporada, debido muchas veces a las variaciones presupuestarias en las arcas de los clubes, aspecto que podría ser abordado con una mayor planificación y una necesaria salida del corto plazo recurrente.

Volviendo al fútbol y más concretamente a aquel tristemente célebre 38 a 38, de la votación para presidente de AFA entre los candidatos Segura y Tinelli, y la posterior llegada de Tapia como presidente con una lista única, el modelo ganar robar se vuelve a explicitar como con aquel bidón en el mundial de Italia. La falta de claridad y transparencia plantea la absoluta falta de confianza como regla básica dejando así de lado al respeto por las normas y con ello la ausencia de autoridad moral.

Exclamar una cosa y hacer exactamente lo contrario nos brinda un mensaje por lo menos contradictorio y estructuralmente patológico en términos de funcionalidad organizacional.

La iniciativa de la generación dorada hace ya algunos años en el básquetbol nos plantea una mirada crítica, comprometida que incluye la toma de decisiones a punto tal de poner sobre la mesa de discusión cuáles son las reglas de juego y qué consecuencias tienen mas allá de sus protagonistas inmediatos.

La instancia superadora al modelo ganar-robar será el modelo ganar-ganar si nos permitimos reconocer objetivos comunes se puedan trabajar en pos del bien común, donde las partes puedan construir relaciones de confianza auténtica y sobre todo sostenibles en el tiempo. Permitiendo mayor predisposición para la continuidad de los equipos de trabajo dentro y fuera de las canchas.

La cooperación es necesaria en la cultura deportiva. Cooperación que incluya mayor participación en espacios de negociación y de diferencias, dónde se puedan incluir criterios profesionales y responsables para favorecer la construcción de autoridad. Sólo así podremos aspirar a superar al pensamiento de rapiña que sólo ve el beneficio en la corrupción individualista inmediata, en búsqueda de coherencia y transcendencia.

Más allá de lo inmediato, la planificación estratégica sólo es posible si incluimos objetivos al mediano y largo plazo, como también una mayor transparencia en los beneficios parciales de algunos dirigentes que creen que pueden adueñarse del deporte.

Hablar de dos deportes diferentes en nuestro país no tiene bajo ningún punto de vista el objetivo de establecer mejores o peores disciplinas, ese tipo de razonamiento no hace más que profundizar un principio de escasez y de limitaciones para desarrollar una cooperación sostenida en el tiempo.

La oportunidad de trabajar en la construcción de autoridad a partir de modelos de negociación ganar-ganar necesariamente requiere la percepción de que todos somos parte de la solución, y esto, afortunadamente no incluye solamente al deporte.

 


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