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la fama

La versión más reciente de Los Angeles Lakers está resurgiendo a la visión pública del basquetbol nuevamente por razones que poco tienen que ver con la actividad deportiva: el fenómeno LaVar Ball y su hijo novato Lonzo Ball.

Si es usted también un seguidor de la NBA lo habrá notado desde antes de que el joven Lonzo pruebe sus habilidades contra el más riguroso deporte de equipo del mundo, que su padre ha hablado –y mucho- con declaraciones de lo más desafortunadas: desde la aseveración de que su primogénito es mejor que Stephen Curry hasta la crítica hacia el coaching de los Lakers, lo cual ha llevado a la directiva de estos últimos a no permitirle tener entrevistas dentro de la pista de juego, aun con credenciales.

Ahora, mientras estamos todos tranquilamente espectando, algunos con divertida indiferencia y otros con enojo injustificado, ¿Quién sufre de esta “política de imagen” generada alrededor de un joven recién salido del college? El mismo Lonzo.

Como está comprobado a través de la historia, la fama es un monstruo mutante impredecible, enaltece cualidades existentes o no y deja en evidencia toda clase de falencias. Lo hace todo más difícil, en especial para el protagonista.

Como es sabido, toda la verborragia de los actores de estas novelas está dirigida a cuestiones de negocios de imagen, el objetivo es relativamente simple: generar atención mediática que luego pueda desenvolverse en oportunidades estratégicas de negocios. Todo esto es parte del juego y del deporte profesional, pues como su nombre lo indica, alguien que oficia una profesión como sustento de vida (siendo “sustento” la palabra clave aquí) si quisiéramos ver solo deporte puro, miraríamos las olimpiadas y el mundo amateur.

Ahora, si es parte inseparable del juego ¿Qué repercusiones tiene en las personas que acceden a este monstruo sin estar preparadas para ello?

  • Distanciamiento de sus compañeros
  • Episodios de angustia
  • Desajuste perceptivos de sí mismo y de sus compañeros
  • Repercusiones familiares
  • Inestabilidad en el juego

Evidentemente todos síntomas que una dirigencia entendida no quiere en sus jugadores estrella pero sin embargo así es como está constituido el juego. ¿Qué se puede hacer al respecto?

Si bien se suelen buscar soluciones a través de asesores de imagen, la repercusión en la vida privada y laboral del jugador excede el trato de la prensa y los sponsors.

No, hace falta el acompañamiento psicológico a cargo del profesional idóneo. Este proceso lleva el nombre de Coaching, herramienta que está siendo utilizada a veces irresponsablemente y pierde su verdadero sentido: la guía del profesional en una nueva vida para la cual es muy difícil estar preparado, en donde esperan todo de él y se admiten muy pocos errores.

El objetivo principal del Coaching es la concientización. Entendida como la instancia en donde el jugador puede poner en perspectiva su carrera, su historia, su actualidad, sus opciones y tomar el camino que considere correcto.

El Coaching está basado en la teoría del aprendizaje transformacional que busca cuestionar los modos tradicionales de percibir e interpretar, donde las personas y los equipos interrumpen sus patrones de conducta y comportamiento habituales, la idea es empezar a operar con mayor creatividad, protagonismo y proactividad; generando competencias emocionales, del hacer, del pensar y de la comunicación.

La adaptación a la vida profesional es 100% diferente a la amateur, y el acompañamiento es absolutamente necesario, sobre todo en lo referente a estilos de vida, el comentario mediático, la protección familiar y la presión laboral.

Hablamos de adaptación porque las herramientas de adaptabilidad que adquirió el jugador durante su etapa amateur caen en desuso en el mundo profesional, muchas veces viéndose expuesto en confiar –de buena fe- en personas de las cuales se desconoce sus intereses, muchas veces apareciendo con ofertas y con el título de “agentes deportivos”. No hace falta más que recordar la desafortunada primera etapa en USA de Fabricio Oberto, asesorado de manera prejuiciosa por parte de su agencia de representación de entonces, que llevo al jugador a una etapa de desilusión y depresión (le habían hecho creer que iría con un contrato garantizado cuando en realidad se trataba de un try-out).

Por ende, la necesidad de la figura del psicólogo deportivo es cada vez más preponderante en el mundo del deporte de alto rendimiento. Mientras más clubes pueden empezar a notar esta realidad más cerca estaremos de nuestros objetivos de competitividad internacional.


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