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Durante muchos años se ha hablado de la ferocidad de Mike Tyson sobre el ring y fuera de él, y que aún siendo uno de los más grandes pudo llegar a mucho más si no fuera por una serie de decisiones que afectaron su carrera sobre todo en relación a su esquina y a su estilo de boxeo.

Cada vez que he preguntado a entrenadores de boxeo acerca de las características psicológicas de un boxeador similar a Tyson (“In-fighters”, “brawlers”) la respuesta suele ser la misma:

  • No tiene que tener miedo
  • Furia ciega
  • La necesidad de matar al rival

Mientras que las características descritas para los boxeadores de uso de reflejos rápidos y estrategias defensivas (Bernard Hopkins, Ali, Whitaker) las respuestas suelen ser:

  • Frialdad
  • Inteligencia, un dejo de cobardía
  • Precisión

E incluso a lo expuesto más de un analista de boxeo daría la razón. ¿Pero es así para la ciencia del comportamiento humano? ¿No estaremos poniendo las características y las palabras equivocadas debido a un error de apreciación?

A veces el error se debe a que un boxeador se acerque lo suficiente a un rival y le aplique un poderoso gancho al hígado da la sensación –por la violencia del golpe- de que el pugilista siente la misma violencia en su mente y en su cuerpo y que el blow es solo un reflejo de ello.

¿Qué características entonces tendría un boxeador in-fighter? En realidad, los luchadores que se tienden a “fajar” tienden a ser mucho más “fríos” de lo que uno aprecia. ¿Qué es esta “frialdad”? es la desconexión emocional con el cuerpo propio y con el del rival.

No es ninguna novedad que lo que convierte a un buen in-fighter en uno tal es poseer una buena quijada y un poder de golpes superlativo. Y cuando hablamos de quijada estamos hablando de una serie de factores tales como:

  • Tolerancia a los golpes en la mandíbula, al plexo solar y al hígado sin que estos afecte su verticalidad.
  • Aguantar el dolor (sensación neuropsicológica del daño)
  • Aguante del daño (el desgaste físico debido a exposición a traumas de forma continuada)
  • Poca posibilidad de sufrir cortes.

Ahora, el factor más controlable de estos puntos en cuanto a lo psicológicos son el segundo y el tercer punto, la capacidad de aguantar el dolor y aguantar el daño. También es de público conocimiento el hecho de que es esperable para el in-fighter recibir daño durante el intercambio por lo que los puntos mencionados son absolutamente necesarios. Un infighter sin buena quijada está destinado a besar la lona.

Si repasamos la teoría de la Psicología Gestáltica acerca de la relación entre el cuerpo y la emoción notaremos algo nuevo: para poder entrar en un intercambio a corta distancia es necesario ignorar ciertas alertas naturales del cuerpo: una de ellas es el miedo y la otra es el dolor. Esto no se logra teniendo una conexión emotiva con la furia y con el cuerpo, todo lo contrario, se necesita una seria desconexión con el cuerpo propio que llevara también a una falta empática con el cuerpo del rival, lo cual es ideal a los fines de la demolición contralada que se busca.

La mención de “demolición contralada” no es azarosa, la necesidad de seguir un plan meticuloso y sistemático mantiene al boxeador concentrado en el objetivo sin perseguirlo, se dará solo al ejecutarlo.

Una frase muy conocida e Tyson es: “Todos tienen un plan hasta que son golpeados en la cara” sin embargo el estudio continuado de sus peleas demuestra una gran capacidad de ser sistemático y disciplinado sin importar la cantidad de golpes que haya recibido en la cara. Nunca tiro un golpe en el ring que no fuera necesario.

Estos puntos son muy necesarios a la hora de clasificar a los boxeadores correctamente y también a identificar que estilos son los mejores para los nuevos talentos sin desaprovechar sus puntos fuertes.

Los aspectos de un in-fighter efectivo desde el punto de vista psicológico:

  • Poca empatía con el rival, que nace de la desconexión básica con su cuerpo y sus propias emociones.
  • No interesarse por las conductas del rival, evitar la furia manifiesta, mantenerla adentro hasta hacerla explotar en el ring. Fuera del ring no es necesaria ninguna conducta que pueda ser furiosa por el riesgo de que la emoción baje su intensidad debido a encontrar una manera de manifestarlo a través de la acción fuera de la competición.
  • Mantener la visión siempre en lo importante del objetivo que no sea la derrota del rival inmediato: razones económicas, de gloria, de un posible rival de gran nivel después.
  • Mantenerse disciplinado y sistemático con el plan de acción adaptado al rival con la mentalidad típica del pegador: “si lo alcanzo se termina”
  • No apurar los resultados, de ser bien aplicado el plan el desenlace se dará solo.

Es especialmente importante el manejo de los silencios: los in-fighters no necesitan que se los maneje a los gritos, es necesario que este en silencio prolongadamente. La idea es mantener siempre la emoción durmiendo hasta el momento de la pelea, las palabras innecesarias y los gritos pueden generar un efecto contrario: Cuando la emoción se encuentra representada por la palabra pierde fuerza, esto es un hecho que se utiliza con intensidad con el ambiente clínico de la psicología, sin embargo, el boxeo está muy alejado de la salud, la idea es todo lo contrario.

 

 

Lic. Esp. Claudio Pablo Fermani

 

 


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