Overtime - Psicología Organizacional Deportiva
Monumental

Jugar por la camiseta dentro y fuera de la cancha, el valor de la pasión

Las palabras expresadas en este artículo tienen el objetivo de sentar las bases iniciales para pensar el significado de nuestra cultura en el fútbol como activo no desarrollado desde nuestro país hacia la escala mundial.

El próximo domingo 24 de noviembre, la matrix del mundo del deporte va a tener una falla a escala mundial. Por primera y única vez en la historia dos equipos de fútbol, pertenecientes a un país estructuralmente en crisis, serán el centro de atención del mundo del deporte de manera irrepetible.

¿Cuál es el significado del partido en relación con nuestros vínculos cotidianos?

Nuestra cultura e idiosincrasia hacen del fútbol el escenario donde las expectativas son sinónimo de obligaciones. Hay que ganar siempre, ser siempre el mejor porque no existen excusas para no ganar. Esto en nuestro país, además de ser una presión, emerge también como motivación interna en los jugadores. Dado que, entre otras cosas, en el antes, durante y después del partido se ponen en juego las relaciones con amigos y conocidos ante un escenario de tanta trascendencia social.

¿Qué hacemos en la vida diaria con toda esa tensión que parece respirarse entre las personas, a las que nos cuesta cada día más el poder convivir saludablemente?

Tomar decisiones bajo presión parece la regla y no la excepción en el universo del superclásico argentino. El desafío está en hacer algo con todo eso que nos pasa cotidianamente con los otros, sin creer que para ganar es necesario borrar a los distintos a uno mismo.

No existiría superclásico posible de River sin Boca, ni de Boca sin River. En estas polaridades las competencias internas de jugadores y entrenadores han desarrollado por muchísimos años verdaderas instancias de superación a las patológicas medidas estructurales de los clubes corruptos y estancados en el tiempo, dónde la violencia de las barras bravas aleja cada vez más a las familias de los estadios y les roba el poder ver fútbol en vivo.

Todo esto necesariamente plantea un marco para debatir en profundidad y sobre todo comenzar a trabajar en serio preventivamente para que ambas parcialidades puedan volver a la cancha y que jugar con público visitante sea sinónimo de celebración y no de inseguridad.

¿Por dónde empezar a transformar la realidad de nuestro fútbol, para los que sólo creen que el resultado deportivo y económico es el único válido?

Se estima que la recaudación del próximo partido en el Estadio Monumental, solamente en entradas, superará los 100 millones de pesos. Siendo ésta la mayor cantidad de dinero de la historia para un club argentino en un sólo partido. Aspecto que no se construyó en el corto plazo, dado que los mismos clubes son marcas de por sí mismas, al igual que cada uno de sus jugadores como protagonistas.

Casi de manera sistemática los deportistas argentinos que se destacan en nuestro país son “exportados” a otras partes del mundo, debido a la diferencia en el poder adquisitivo de los clubes y al valor de las monedas que terminan pagando por los contratos a los protagonistas. Lejos de ser la excepción esta exportación, aparece como apuesta casi azarosa por parte de los clubes de salvarse con la venta de alguno de sus futbolistas, dejando de lado las camisetas y los planes de equipo a largo plazo, simplemente por llegar a valores extraordinarios en ingresos que cubran los gastos cotidianos.

El autor Ferran Soriano Director General del Barcelona, quien estableció los cimientos organizacionales expresó: “…En un mundo tan competitivo como el de hoy, quien gana es aquel capaz de aplicar las nuevas comprensiones de la realidad con cierta anticipación, el que lo hace antes que sus competidores…”

En un escenario mundial, donde la tecnología sigue planteando crecimientos exponenciales en niveles de audiencia y patrocinio por transmisiones vía web, cada innovación estratégica es una oportunidad de hackeo, si entendemos a éste como una manera superadora de hacer las cosas ocupando nuevas vías, y creando con ello nuevas ventajas competitivas.

Esperemos que no se trate solo de cantidad de dinero, sino que sea el inicio del cuidado de las personas que intervienen dentro y fuera de la cancha. Esto incluye los objetivos que planteen organizacionalmente los dos súper equipos de nuestro país con potencial atractivo a escala planetaria, para llegar a ser más próximos a la NBA o a la Champions League.

¿Por qué sería esto posible? Por todo lo que se respira dentro y fuera de la cancha, incluyendo a nuestra cultura y riqueza en el altísimo valor de nuestros jugadores contrastada tanto con la desorganización, como con la inequidad con los demás clubes del resto del país.

Basta con escuchar a cualquier hincha del fútbol algún fin de semana hablando en primera persona del “jugamos el próximo domingo” en términos de identificación colectiva como algo único y que cada vez más esto pueda tener lugar, a diferencia del tristemente célebre “si vas a la cancha, no sabes si volvés”. Estos ejemplos marcan la necesidad estratégica para cuidar el marco de cada espectáculo deportivo.

Las expectativas e ilusiones en cada detalle hacen a la pasión y a la participación de las personas, sintiéndose protagonistas desde el minuto cero en cada juego. En términos organizacionales desde los clubes y sus dirigentes, necesariamente se requiere una transformación, para poner en valor cada espectáculo deportivo en nuestro país, de la misma forma que las principales ligas deportivas del mundo de cada deporte de alto rendimiento.

El desafío será mas allá del resultado de la próxima final, el de volver a reconocer que se trata de un juego y qué, en el fútbol, como en la vida cotidiana, la identidad y sobre todo la superación en términos de adversidad en Argentina es única como cultura en el mundo y eso no es ninguna viveza criolla.


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