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Corrientes y Chaco, las dos provincias cuyas capitales son las más cercanas entre sí en el país, cuentan hoy con cinco equipos profesionales de básquet, los mismos son San Martin y Regatas de Corrientes Capital, como también Comunicaciones de Mercedes en la Liga Nacional, mientras que en la Liga Argentina participan Hindú y Villa San Martin de Resistencia.

Esta situación es en sí misma una oportunidad histórica para repensar las divisiones formativas y su proyección hacia el profesionalismo.

¿Cuáles son algunos de los factores que inciden en el desarrollo de los jugadores hacia el profesionalismo en un deporte como el Básquet?

Las instancias de competencia son una importantísima variable en el desarrollo y crecimiento de nuestros jóvenes deportistas. En este sentido, la posibilidad de que las divisiones formativas, a través de la interacción con los jugadores profesionales, puedan mejorar su desarrollo, es aún un camino poco explotado.

La cooperación, el trabajo en equipo, la solidaridad, la empatía, la cultura del trabajo a partir del ejemplo de quienes ya son profesionales hacia quienes se proponen serlo, son sólo algunos de los valores que generan estos vínculos.

Otro de los factores importantes, al recorrer el camino al profesionalismo es el desarraigo. Los jugadores en desarrollo muchas veces deben mudarse de sus lugares de origen por procesos de selección o para poder participar de competencias, aspectos que ante la mayor proximidad de clubes profesionales permiten a los jugadores en desarrollo tener cercanía con sus áreas de residencia en nuestra región.   

Esto pone a prueba el sostenimiento y la creación de vínculos afectivos y de apoyo, desde sus familias de origen hacia sus nuevos entornos.  Para crecer es necesario cambiar, y para ello es importante ver este cambio en los vínculos como instancias potenciadoras y no como limitantes.

Lo que ocurre fuera de la cancha en términos subjetivos, tiene incidencia en el rendimiento y sobre todo en la capacidad de seguir aprendiendo por parte de cada jugador. Jugadores que también son adolescentes en vías de desarrollo.

¿El desarrollo de los jugadores debe ser sólo responsabilidad de su esfuerzo individual y aislado? ¿Cuál es el rol de los clubes?

Cinco clubes compitiendo en instancias profesionales y tantos otros trabajando con jóvenes jugadores, implican hoy una cantidad de recursos organizacionales y económicos. Para cada una de estas instituciones participar de competencias implica importantes esfuerzos, que, sin una planificación estratégica, muchas veces terminarán como meros gastos aislados insostenibles en el tiempo.

Trabajar en divisiones formativas en los clubes no genera un resultado visible inmediato en términos de estadísticas. Sin embargo, cabe preguntarnos a qué vamos a dar más valor: ¿a los resultados inmediatos o a la posibilidad de pensar a mediano y largo plazo?

Sólo por mencionar un ejemplo de buen trabajo sostenido, actualmente el Club San Martín de Corrientes salió Campeón Nacional en los Juegos Evita, dentro de la categoría U15 de Básquet Masculino. Esto pudo realizarse gracias a la permanente superación de los jóvenes, como también a la búsqueda de mejora continua de sus entrenadores y del club como una organización que va más allá de la competencia profesional. Lejos de ser una experiencia aislada, existe una retroalimentación positiva y generosa entre sus protagonistas profesionales y en vías de desarrollo.

Los basquetbolistas profesionales no son mercancías ni objetos cuantificables en términos de estadísticas ni de sueldos. Cada jugador, en su camino al profesionalismo, interactúa con una trama compleja en la intervienen sus compañeros, las familias, el cuerpo técnico y los dirigentes de cada club.

Trabajar estas interacciones, creando espacios para escuchar a cada uno de sus protagonistas, es una instancia necesaria para poder dejar de ver al deporte como un gasto.

Ningún sueldo y/o costo en sí mismo puede alcanzar el valor del desarrollo integral de los deportistas, porque en términos de desarrollo humano el precio no es sinónimo del valor. Estos procesos implican una inversión hacia futuras generaciones, tanto en profesionalismo dentro del deporte como de impacto positivo para toda la comunidad. Contribuir al desarrollo integral de los jugadores es, entre muchísimas cosas más, crear opciones superadoras ante flagelos como la violencia y/o las adicciones.

El desafío hoy más nunca sigue siendo el que nuestros deportistas, más allá de su tiempo dentro de la cancha como profesionales o en vías de desarrollo, sean protagonistas de sus propios proyectos de vida.

 


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